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lunes, 1 de julio de 2024

Adicción a las redes sociales



Por el gran ventanal del restaurante, hacia el interior, una pareja de mayores conversa tranquilamente por sobre sus platos de comida, pero no lo hacen cara a cara, sino con sus teléfonos en la mano y mirando hacia ellos. Ríen y gesticulan sin elevar la vista, hipnotizados tal vez por las pantallas de sus respectivos aparatos. La tercera edad también fue atrapada por las conexiones digitales.

La comunicación tradicional y milenaria de interactuar mirándose a la cara, observando los gestos, que también hablan, percibiendo los cambios de voz y respiración según la conversación va girando a distintos tópicos se ha perdido.

Al establecer un vínculo a través del celular o navegar por las diversas aplicaciones de redes sociales la pantalla toma el control del cerebro. La atención se centra en esos pocos centímetros cuadrados en la palma de la mano.

No importa edad ni lugar, si es la casa, el trabajo, la escuela, en el auto, u ómnibus. Se produce una barrera que recorta el entorno, aísla. La pantalla del teléfono estira sus brazos arranca la mente del individuo y la traslada en tiempo y espacio. Doblegando su voluntad.

Esa pantalla de vivos y atractivos colores es el portal al universo alterno, donde toda la magia sucede.

Las redes sociales creadas para establecer vínculos, acercar a los que están lejos, y compartir experiencias son positivas. Hasta que surge la necesidad de estar conectado mayor tiempo por temor a perderse algo importante, chequear los comentarios o revisar los likes.

Aumentar el tiempo de conexión tiene un culpable: la dopamina un neurotrasmisor llamado “la molécula de la felicidad” encargado de proporciona placer y regocijo. Una de sus muchas tareas.

El cerebro recibe un estímulo al usar el celular, en recompensa genera dopamina que conlleva al deleite y gozo. Para mantener ese placer hay que subir los niveles de la hormona, pasando más tiempo frente a la pantalla. Empieza la adición. La que puede manifestarse en síntomas como ansiedad, estrés, irritabilidad y falta de concentración cuando no está en contacto con las redes sociales, así como una disminución de la calidad del sueño, falta de productividad y problemas interpersonales.

El mundo se va vuelto un pañuelo, es posible estar en cualquier lugar de la tierra en forma virtual, la era de las comunicaciones ha creado, paradójicamente, una sociedad de individuos aislados, que se sienten más cómodos detrás de una pantalla. Eso podría llevarlos a la falta de confianza en situaciones sociales cara a cara.

Las redes sociales pueden promover la comparación constante y la competencia entre los usuarios, especialmente en los jóvenes, lo que resulta en una disminución de la autoestima y la confianza en sí mismos. Generando un impacto negativo en las relaciones interpersonales, y a su vez afectar la salud mental y emocional.

Las redes han generado un cambio importante, por su adicción pasamos de actores a espectadores, las protestas sociales y presenciales dieron paso a las protestas virtuales.

A través de los medios digitales es muy fácil plantear otro punto de vista, sin embargo, pocas veces pasamos a acciones físicas y reales para motivar los cambios. Publicamos mucho, pero hacemos poco.

Escribo esta crítica a las redes sociales, dentro de las mismas redes, parece una incongruencia y lo es. Pero es necesario reconocernos, saber de nuestras faltas para avanzar.

Sentados cómodamente apoyamos o rechazamos acciones de terceros desde la pantalla, no los acompañamos en la calle, en el escenario, o en campañas solidarias. Nos basta con darles un like y desearles buena suerte. Vamos perdiendo presencia, pasamos a ser espectadores de nuestra propia vida.

La pantalla toma cuerpo y se adhiere a nuestra cara, se convierte en una máscara. Detrás de ella uno se siente diferente.

miércoles, 1 de mayo de 2024

Evolución digital o involución humana

Pasaron trece años desde que escribí la última nota en este blog. 
Mucho tiempo, muchos cambios. Nuevas maneras de comunicación.
La pregunta que te harás como lector/ra es ¿por qué volver? 
A medida que avanzamos en la vida las prioridades cambian, los enfoques sobre lo que nos rodea también. 
No es una revisión de principios, sino una necesidad de compartir opiniones o comentarios de todo aquello que nos importa, en un sitio tranquilo.
Pertenezco a otra era, a otro tiempo donde la lectura y la charla cara a cara era lo habitual. En el medio podía estar un pocillo de café o un mate. Según la hora podría ser una cerveza o un buen vino.
Por aquellos años internet era la herramienta del futuro, mi primera web la armaba en la compu de casa y la llevaba en diskettes hasta el ciber más cercano para subirla a la gran red. 
Hoy estamos acorralados y hasta ahogados de tanta ¿información? y abundancia de conectividad y esto seguirá en aumento.
Las redes sociales son la panacea de la vida digital. Todo fluye y se retroalimenta constantemente en un ciclo cada vez más veloz.
Desde las primeras horas del día, muchos clavan los ojos en sus celulares o mejor dicho se conectan a su alter ego digital y saludan a su comunidad. El trabajo, la educación, la economía, la vida social y afectiva circula dentro de una pantalla, en un celular, una tablet o una computadora.
La humanidad está dando pasos acelerados hacia un mundo vacío de encuentros, de abrazos, risas, llanto cambiándolos por aislamiento y comodidad excesiva que lleva a un deterioro físico y mental.
Los jóvenes encuentran más cómodo enviar un texto a medias, un meme, un sticker o un emoticón, antes que hablar en vivo y directo con la otra persona. Las capacidades cerebrales para articular oraciones o un discurso se reducen por falta de práctica y por consiguiente un empobrecimiento de la lengua para elaborar un mensaje.
No me opongo a la evolución tecnológica, la disfruto y la respeto. Mantengo la distancia siguiendo rutinas manuales para evitar caer en el consumo fácil y terminar como un adicto digital.

Gracias por leer este breve texto, vendré más seguido para compartir opiniones de nuestro mundo cercano, ese que nos rodea cada día en la vereda, el taxi, al plaza o camino al trabajo (todavía queda gente que viaja hasta su trabajo).